domingo, 22 de mayo de 2011

No se lo merece


Uno entiende, hasta cierto punto, la reacción de la gente. Comprende la reacción por lo que significa la posibilidad de caer en el “desprestigio”. Pero si pasa lo que ayer se creía imposible y hoy toma cada vez más color, no sería la muerte de nadie. Eso seguro.
¿De qué hablás? De River, de Carrizo, de la Promoción, y de la “vergüenza” que significaría jugarla. ¿Del descenso? Ni mencionarlo. Sería la tortura eterna.
Volvamos con la reacción de la gente del Millo. ¿No tiene memoria acaso el hincha de Núñez? Vamos a refrescarla un poquito…

Clausura 2007. La Bombonera explotaba. Pablo Ledesma y 45 segundos para poner a Boca arriba 1-0. Empató Mauro Rosales. El partido finalizó 1-1. ¿Quién fue la figura excluyente del partido? Juan Pablo Carrizo, el mismo que hace un rato no más se retiró del Monumental insultado. El mismo que dio la cara hoy y el domingo pasado cuando un yerro le costó el 0-1 ante Boca.

Clausura 2008. ¿River? Campeón. Con lo justo, es cierto. Fueron sólo 13 goles en contra en 19 juegos. Fueron 11 de 19 partidos con la valla invicta (seis de manera consecutiva) ¿La figura del certamen? Juan Pablo Carrizo. ¿El mismo Carrizo que se tuvo que besar la camiseta para contradecir a los “hinchas” que lo acusaban de todo, hasta de bostero, por un par de errores? Sí, el mismo.

Con esto basta. Un clásico que se debió haber llevado Boca, fue parda en la Bombonera gracias a JP Carrizo. Un torneo, en el que River fue peloteado en más de un partido, que se quedó en Núñez gracias a JP Carrizo.

Pero no sólo estas dos puntualidades: Carrizo demostró ser uno de los mejores arqueros de los últimos tiempos en el fútbol argentino, y semana tras semana se ganó la ovación y el reconocimiento de la gente. Esos, los que lo aplaudieron y coraron pese al error, pueden dormir tranquilos. Ellos saben muy bien que si su amado River se va al descenso no será por culpa del arquero sino por una sumatoria de circunstancias donde la mayor responsabilidad recae en lo dirigencial.

Los otros, los “hinchas”, los que dicen dejar la vida por la camiseta, los que creen que pagar una cuota social les da el derecho de insultar y denigrar a un laburante, son los faltos de memoria. Hay muchos calificativos que les caben a estas personas. Acá prefiero usar uno light: exitistas.

Los que me conocen saben que estoy de la vereda de enfrente. Pero hoy, y mientras escribo estas líneas, no soy ni bostero ni periodista. Soy un trabajador que más de una vez se ha equivocado cuando desempañaba su labor, y que se solidariza con un par, de otro rubro, que cometió un error. Como le puede pasar a cualquiera.

Por su cara, esa cara de sufrimiento que lo mostraba más triste que nunca. Por sus lágrimas, que no brotaron, pero que querían salir de sus ojos. Por esa bronca contenida. Por dar la cara, contra Boca y hoy, luego de la derrota ante San Lorenzo. Sí, derrota. Su derrota. Por golpearse el pecho diciendo: “Fui yo, es culpa mía”. Por todo eso, hoy, soy hincha de Juan Pablo Carrizo.

lunes, 2 de mayo de 2011

Celebrar la muerte: consecuencia Yanqui


¡Paz! Una palabra. Un grito, Una súplica. Un deseo. Una, al parecer, utopía. No hace falta ser un erudito eximio en política internacional para vislumbrar la que se viene después del asesinato de Osama Bin Laden. La represalia. Ojalá, el criterio falle y estas líneas pierdan, con el correr de las horas, credibilidad. Pero el juicio de valor construido que las sustentan se cree es el correcto. Estados Unidos, una vez más en el papel de víctima, será perseguido y azotado por esos terroríficos demonios de grandes turbantes en vez de cuernos y con bombas en lugar de tridentes.
Oriente y Occidente, una vez más en la contienda. ¿La causa? La misma de siempre: el poder. Y el deseo y la necesidad de demostrar quien manda. A eso se le suma la imperiosa necesidad de querer mostrarle al mundo quienes son los buenos y quienes los malos. Porque es así como se resume todo esto: buenos contra malos. De eso se trata.

Aquí una aclaración y un pedido que se creen fundamentales para poder incursionar en el tema, y que está relacionado con la creación de la imagen del otro (la construcción de la otredad, se diría en términos antropológicos): ojo con la generalización. Estas líneas se escriben desprovistas de prejuicios y así se pretende que las aborde el lector. Aquí no se justifica el accionar terrorista de la Red Al Qaeda y sus ya conocidos atentados. Pero tampoco se celebra la muerte del líder Talibán. Esa reacción, lamentablemente, espontánea de los miles de yanquis congregados en la Casa Blanca festejando el asesinato de Bin Laden son el disparador de esta nota. Porque quizás esos hombres y mujeres que se agolparon en la casa de gobierno norteamericano no son más que unos pobres infelices engañados por la bajada de línea que intenta imponer el país del Norte.

Tanto odio histórico que día a día se cobra vidas irrecuperables.
La otredad la crean la mente, las experiencias, los prejuicios, la ignorancia, y por qué no, los intereses. También el desinterés, la falta de conocimiento, la desinformación y el sensacionalismo. Y en estos dos últimos puntos se quiere poner mayor énfasis, para tratar de explicar desde otra perspectiva la significativa ingerencia que tienen los medios masivos de comunicación en la formación de la opinión pública.

Me imagino a una profesora de una escuela primaria en los Estados Unidos diciéndole a sus alumnos: “Aquí están nuestros mayores enemigos, los Árabes”, y señalando con el puntero (de madera o láser, no me puse a pensar tanto) la zona del planisferio conocida como Medio Oriente. “Esta gente nos odia, y son capaces de matarse por una causa: asesinarnos”. La escena es inventada, pero ¿cuán alejada de la realidad estará?
Trasladen esta hipotética deducción al campo de los medios de comunicación. Imaginen o, más rigurosamente, repasen los titulares de New York Times. Evalúen los dichos de los aliados del poder de USA en torno a la muerte del Talibán. “Alivio”, manifiestan muchos. “Se dio un paso importante contra el terrorismo”, aseguran otros. Sin embargo, desde la Casa Blanca se intensificaron las medidas de Alerta y de Seguridad Nacional. Un presidente argentino diría: “¿Qué te pasha, Obama; estásh nerviosho?
Volvamos con lo de la otredad: ¿Qué imagen creó Estados Unidos del pueblo Árabe? ¿Son los árabes realmente representados por el Terrorismo Árabe? El terrorismo tiene bandera, sí. La propia. Pero no tiene ni nacionalidad ni religión. ¿O acaso la gente por la calle le teme a los españoles por relacionarlos con la ETA? “Tené cuidado con ese gallego de mierda que seguro es un separatista vasco”. Yo eso jamás lo escuché. ¿Usted?

No, señores. Destierren de su racionalidad esa relación equivocada que iguala a los árabes con el terror y con la muerte. El Islam es la religión del amor. Así se la conoce mundialmente. O por lo menos, se espera que así se la conozca. Eso dice el Corán. Pero desde el Norte se han encargado de que se la emparente con el dolor, con el fundamentalismo, con la bombas, con el terrorismo y con todo mal que deambule por el inconciente colectivo.
Lejos se está de justificar el accionar terrorista, reitero. Solo se quiere mostrar la cara de la verdad que desde el Imperio no se da a conocer, o se intenta desdibujar.

Ahora, la pregunta que surge es: ¿sólo EEUU crea la imagen del árabe a su conveniencia? La respuesta es, no. Si repasamos las declaraciones de Ismail Haniyea, el jefe de Gobierno de Hamas en la Franja de Gaza, podremos dar sustento a la negativa: “Lamentamos la muerte de un santo guerrero. Fue un mártir de la guerra santa musulmana”. ¡No, guerra musulmana, no! Terrorista, sí. El régimen fundamentalista se escuda bajo las banderas de las naciones árabes y se lleva a la rastra a todos sus fieles. Y el desinformado, que tiene la cabeza lavada, no distingue, y mete, como se dice, todo en una misma bolsa. Y todos resultan ser la misma mierda: musulmanes, árabes, Bin Laden, terroristas, fundamentalistas y quien tenga un poco de arena en los zapatos, por si acaso.
Se ruega que se abran los ojos. Estados Unidos utiliza una herramienta temible, como es la información masiva, como instrumento para legitimizar la violencia. Y por eso en el país del Norte y en los países aliados se celebró el asesinato. El crimen y la muerte se han naturalizado a tal punto que se festeja en las calles. Y pasa esto porque creen que se hizo justicia. Pero no olviden que son los que ocupan los cargos de poder los que elevan la voz, y lo hacen guiados por intereses de variadas índoles. El pueblo solo repite porque no tiene otra verdad más que la que le obligan a creer. O la que quiere creer.

viernes, 22 de abril de 2011

Pedir la mano

Por Fabricio Espíndola

Estimado Sergio Goycochea:
Ante todo pido disculpas por mi atrevimiento. Sé que no me conoce. Tampoco yo personalmente. Pero entienda usted que a través de éste medio -la carta- estoy intentando conseguir materializar grandes recuerdos.
Seguro que aun no entiende el por qué de estas líneas. Ni sabe de qué hablo. Ahí le cuento.

Soy una persona apasionada por el deporte y, si bien el fútbol es mi preferido, disfruto de todos ellos y hay imágenes que tengo grabadas en mi mente, pequeños detalles en los que me detengo y disfruto. Estos detalles superan el mismísimo contexto del acontecimiento.
Es por eso que hace ya dos años comencé con estas cartas. Para así poder armar mi pequeño museo. Pero no quiero un museo como todos. A ver si me explico. No busco camisetas. No quiero fotos ni posters. No pretendo guardar imágenes de partidos memorables o jugadas fantásticas. Salvo que estas imágenes expliquen lo que sí pretendo coleccionar y a los que llamo Pequeñas acciones para grandes momentos
Explicado esto. El motivo de mi carta es un pedido. Raro, pero no tanto. En realidad, no se bien como hacerlo. Sólo espero que no lo tome a mal. No es que quisiera que usted ya no este, ni tampoco crea que soy un loco que intentará hacerle algo para conseguir lo que busco. Para nada. Solo pido su aprobación, por escrito, para cuando usted pase a mejor vida. Al fin y al cabo, a todos nos tocará.
Así como a usted, son varios los deportistas a los que les escribí para hacerles un pedido especial. Para poder guardar en mi museo esas Pequeñas acciones para grandes momentos que quedaron grabados en mi mente.
Y no importa la talla del personaje. Sino la importancia de la fuerza que tiene mi recuerdo frente a ese momento.
Así le escribí a estrellas mundiales. Como Michael Jordan, al que le pedí su aprobación para que, cuando se encuentre con San Pedro, me deje su lengua. Por aquel último tiro frente a Utha Jazz en la final del ´98. Encare hacia el aro, freno, finta, salto, extensión del brazo, balón a la red y claro, lengua afuera de la boca. Esa es La Acción, el Gran Momento.

Pero también a jugadores más terrenales como el Chelo Delgado, al que le rogué el tercer, el cuarto y el quinto dedo de su pie derecho por un gol a River que dejo de estatua a Comizzo. O la rodilla de Palermo, por aquel Muletazo.
Le reclamé a Roger Federer su muñeca, la que le dio el tiro vencedor ante Sampras en Wimbledon 2001 para que comenzara a ser leyenda. Y demás esta aclarar que ya demandé la pierna zurda de Diego. Me pareció demasiado pedir su cuerpo completo.

Así, estas y varias cartas más fueron enviadas a distintos deportistas. Y aunque no tuve respuestas, no desespero. Respeto sus tiempos.

Volviendo a lo nuestro o, más bien a lo mío, imagino que a esta altura ya sabrá por donde viene el tema, o el pedido.
Sí Goyco. Lo que quiero pedirle es la mano. Por favor, tu mano derecha. Esa que aquel 3 de julio de 1990, tercer penal de la serie frente a Donadoni, se estiró hasta que la pelota diera en ella. Para alegría nuestra y tristeza Tana.
Espero me entiendas. Y otra vez, no piense que estoy loco. Pero me gustaría guardar ese momento en mi museo.
Te pido la mano, solo eso. Bueno, y si todavía los conservas, que sea con el guante.

jueves, 21 de abril de 2011

Plabra prohibida


Y finalmente habló. El día llegó. La cobertura mediática fue masiva y completa. Hablo mucho. Largo y tendido. Habló Mario Vargas Llosa. Desarrolló su obra, El Sueño del Celta, esa que le valió el Premio Nobel de Literatura 2010, y fue cauteloso con sus dichos.
Hubo mucha expectativa en torno a su participación en la Feria del Libro. Se habló de veto, de prohibición de testimonio, de censura. Y él, al respecto, solo soltó un frase tan contundente como cotrovertida: "Agradezco a la señora presidenta Cristina Fernández de Kirchner que haya impedido el intento de veto a mi presencia en este evento".
Atención: lo que se tejió en torno al escritor peruano no fue un veto ni una censura. Fue un debate, un foro si se quiere.
La participación de este hombre, un hombre que defiende intereses y políticas que estan muy lejos de corresponderse con la idiología gobernante en Argentina y en gran parte de América Latina; un hombre que considera que el país debe retornar al camino de la década de los noventa, que dejó al país en una crisis de la que comenzó a salir hace apenas 8 años; un hombre que dijo que la asunción de los Kirchner al gobierno representa un retroceso ideológico e intelectual; en una expresión cultural como es esta feria no es acertada. Pero jamás se le incinuó la censura.
Un país que tiene un rumbo marcado y definido, no puede contradecirse dándole entidad a un representante y defensor de las políticas que lo destruyeron. Pero como acá no hay censura, habló. Y dijo lo que quiso.

viernes, 15 de abril de 2011

Al pueblo lo que es del pueblo


"No hay proceso de transformación posible, en ninguna parte del mundo, sin la participación de las universidades". La frase pesa y mucho. La repite el Senador Nacional por el Frente Para la Victoria Daniel Filmus. Y se aclara que la repite porque es él mismo quien reconoce que está parafraseando a otro.

En el hall central de la nueva sede de la Facultada de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires se inauguró anoche la Cátedra Libre Néstor Kirchner. La iniciativa del Movimiento Universitario Nacional y Popular (MUNAP) de dictar estos seminarios apunta a revisar de manera crítica la política y las sociedades americanas haciendo principal hincapié en los conflictos y los acuerdos entre los diferentes grupos y facciones, partidos y corporaciones, en torno a la planificación e implementación de políticas públicas desde las instituciones del Estado.

Horacio González, director de la Biblioteca Nacional; Jorge Aliaga, decano de la Facultad de Ciencias Exactas; Sergio Calett, de Sociales; Hugo Trinchero, de Filosofía y Letras; y la Diputada Nacional por el Frente Grande-Frente Para la Victoria Adriana Puiggros, acompañaron a Filmus en la oratoria del primero de los siete seminarios que se dictarán a lo largo del primer cuatrimestre del año.

La idea de la frase de Filmus no es más que la idea que el ex presidente Kirchner tenía de la educación pública universitaria como herramienta de transformación social. Es por eso que la cátedra lleva su nombre. "Es un homenaje", repite el Senador. "Néstor supo entender el papel cultural que tienen la Universidad y la educación pública en la vida social. Y lo hizo mirando hacia adentro, porque el quería formar profesionales, muchos y de buena calidad, para construir acá, en la Argentina", recuerda quien fuera ministro de Educación durante el mandato de Kirchner entre 2003 y 2007.

Filmus también subrayó qué alcance quería darle el ex presidente a la Universidad pública: "Él pensó una universidad para todos, no solo para los universitarios. Argentina es uno de los pocos países del mundo que tiene universidad sin aranceles y esto permite que tengan acceso a ella todos los ciudadanos". Y concluyó: "Néstor buscaba las mejoras en las condiciones de vida, a través de la Universidad, de todo el pueblo".

Programa de Seminarios:

Clase 1; miércoles 20 de abril: América, sus denominaciones en el tiempo y el sentido de las mismas. Los pueblos originarios. América y el Proceso de Colonización. América del Norte, el Caribe y Sudamérica en la etapa Colonial. El problema de la Conquista y la Colonización. El impacto de América en la economía global. La crucial importancia de Espa?a y Portugal en el estudio de los procesos políticos americanos.

Clase 2; miércoles 27 de abril: La Independencia. ¿Quisieron los pueblos americanos ser independientes al inicio de sus revoluciones? La Revolución Norteamericana. La invasión Napoleónica y el Juntismo espa?ol y su impacto en América. La construcción del Estado en América. Orden y Guerra Civil. Una comparación entre regiones. Variables cables.

Clase 3; miércoles 4 de mayo: La construcción del Estado. Federalistas y antifederalistas. Liberales y conservadores. El modelo de Estado Norteamericano: la Conquista del Oeste, el Imperialismo y la Guerra Civil. Orden y Progreso en América: algunos ejemplos, México, Brasil, Paraguay, Chile y Argentina. Similitudes y diferencias. El papel de Estados Unidos y de Gran Breta?a: mitos y realidades.

Clase 4; miércoles 11 de mayo: La crisis del Estado liberal, características. El populismo como problema analítico y como categoría política. Las revoluciones populistas: el New Deal, el Cardenismo, el Varguismo y el Peronismo. Similitudes y diferencias. Hacia una tipología del populismo americano.

Clase 5, miércoles 18 de mayo: El antipopulismo. La Guerra Fría, La Revolución Cubana y la Doctrina de Seguridad Nacional. Populismo e izquierdas; acuerdos y conflictos. El neoliberalismo y la reestructuración de los Estados Nacionales en el continente. El papel de Estados Unidos. Un balance crítico.

Clase 6, miercoles 1° de junio: La Democracia y las sociedades americanas. en los 80 y los 90. Los procesos de integración. El neoliberalismo y el neopopulismo. Cambios políticos y socio culturales. Deuda externa, privatizaciones y Consenso de Washington. La crisis del modelo Neoliberal y el fracaso del ALCA. Las experiencias nacionales y populares: Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela. Medios de Comunicación y las Nuevas Derechas. La UNASUR; desafíos y realizaciones. Conclusión final.

miércoles, 13 de abril de 2011

Memorias de Lector: La historia que despertó bajo el árbol


Ya habían pasado algunos minutos de las doce de la noche. Era Navidad. El brindis y la escapada a la cancha de fútbol del predio donde estábamos festejando la Noche Buena para tirar bombas de estruendo y cañitas voladoras, fueron la excusa perfecta para que mi madrina llenara el árbol de regalos sin que vieran los más chiquitos. Al pie del adornado y colorido arbolito descansaban los paquetes brillantes que en su mayoría presentaban carteles rotulados con los nombres de mis seis sobrinos.

El 2009 se iba, y las esperanzas de tener un mejor 2010, como todos los finales de año, renacían. Entre la alegría de los chicos con sus nuevos regalos, veo como mi hermana se acerca hacia mí con una copa en la mano derecha y un paquete rojo y negro en la izquierda: “Un periodista deportivo no puede no leer esto. Feliz Navidad”, dijo Verónica y acercó su copa casi llena a la mía, casi vacía. “Gracias, Feliz Navidad. Salud”, contesté, la abracé y rompí el envoltorio, entusiasmado.

Para ser sincero, nunca fui amante ferviente de la lectura. Ex estudiante de la carrera de odontología, pasaba largas horas memorizando nombres difíciles y hacía apenas diez meses que había virado el destino de mi vida y de mi vocación. Algo nuevo nació dentro mío cuando abrí ese paquete rojo y negro. Junto con el libro que contenía, emergió una marea de inquietudes y de curiosidades. Un germen dormido se había despertado.

Parados sobre el paraavalanchas de la tribuna que lleva el nombre del León Natalio Pescia estaban amuchados los líderes de La Doce. Me miraban desafiantes, impunes, intocables. Seguramente resguardados por el ala protectora de funcionarios políticos que ocupan cargos en los clubes de fútbol de nuestro país.

Tanta corrupción en torno a un fenómeno social como es el fútbol, me fue llevando por caminos paralelos que en algunos puntos se cruzaban. De a poco fui internándome en la historia, en la política, en la sociedad, en la cultura. Y la sorpresa era cada vez mayor.


La relación de diferentes intereses, de toda índole ellos, con el poder y la ambición que estos persiguen, se transformó en uno de los nichos que decidí explorar. Años y años remontados hacia el pasado me enseñaron de donde venimos los argentinos, de que somos hijos, por qué somos como somos y por qué actuamos como actuamos. Lo que no me pudieron decir los libros fue hacia dónde vamos. Eso es lo que tenemos que construir día a día: nuestro destino.

Fueron esas inquietudes nacientes las que me depositaron en este nuevo camino. En el camino de la lectura y en el de formar mi propio porvenir. El hecho de abrir un libro se transformó, para mí, en el acto de ingresar a él. Me sentía protagonista de la historia que me atrapaba. Los sentimientos fluían al ritmo de las vueltas de páginas: sonrisas, lágrimas, carcajadas, escalofríos… Un poquito de todo, como decía mi abuelo Pepe cuando le preguntaban que pensaba comer ante una mesa que mostraba variedad y abundancia.

Lejanos en el tiempo habían quedado aquellos días enteros en la selva, en la que los yacarés en guerra tenían tiempo para mofarse de las graciosas medias de los flamencos y de un loro que, poco a poco, se desplumaba.

Era el turno de la historia de mi patria. Y me vi Obligado a dar Vueltas a orillas del Paraná, cuando no todo era color de Rosas. Junto a los sectores más populares de la nación luché para defender la soberanía nacional ante la arremetida de los franceses y de los ingleses, atraídos a estas tierras por intereses económicos y políticos.

Fui contemporáneo de los infames que, allá por 1930 y hasta 1943, esgrimieron el fraude, la represión, la proscripción y la corrupción como arma de poder.

Tuve la suerte de tener un presidente que se fijó en nosotros, los trabajadores. Porque a mediados del siglo XX me volví uno de ellos. Y vi como esas manos cuarteadas de tanto laburar resistían el dolor para aplaudir al líder que los guiaba.

Me hice el muerto abrazado a Julio Troxler en los basurales de José León Suárez y juntos nos salvamos del tiro de gracia. Huimos de esa. Pero no pude rescatarlo de la ráfaga de disparos que le propinó la Triple A casi 20 años después, en 1974, en Barracas.

Casi me matan las balas que se cruzaban las diferentes fracciones del peronismo: “‘Viva Perón’, gritaban algunos mientras gatillaban sus armas. ‘Viva Perón’, respondían otros devolviendo los disparos”. Fui testigo de ese terrible momento de la historia argentina y al igual que los Setentistas milité y peleé para que el régimen castrense no se apoderada de la situación. Pero no lo logramos. Y fui un desaparecido más. Podía ver desde adentro del libro como mi pieza estaba vacía. Yo ya no estaba.

Se me paralizó el corazón cuando tomé conciencia de que al cantar junto a la multitud tras el triunfo en el Monumental sobre la Naranja Mecánica, en 1978, “Videla, Videla, dejate de joder, si el lunes se trabaja vos sos un holandés”, estaba siendo funcional a un proceso de vaciamiento político, económico, social y cultural.

Aplaudí el retorno a la democracia y comencé a luchar para que no se olvide lo que había ocurrido. Eso no podía pasar nunca más.

Me enteré que no solo en mi país se arremetió contra la vida y la libertad. Entendí que toda America Latina sangra por sus venas y asumí el compromiso de contribuir a que la historia actual cicatrice esas heridas. En uno de estos tantos viajes, un yorugua simpático me dijo: “Pibe, en la historia de los hombres cada acto de destrucción, encuentra su respuesta, tarde o temprano en un acto de creación”.

Y aquí estoy. Dispuesto a construir, a crear. Pero ahora, y gracias a Verónica, nunca más sólo. Ahora, con un libro bajo el brazo.

sábado, 5 de marzo de 2011

Héroes colectivos


Las comparaciones, dicen, son odiosas. Pero a veces resultan inevitables, justas, perfectas. Algunas persiguen el objetivo de poner blanco sobre negro y contrastar, y en otras ocasiones buscan similitudes. La familiarización de Néstor Kirchner con El Eternauta corresponde al segundo tipo. No exista, quizá, mejor manera de emparentar al ex presidente con algún personaje.

En 1957 el escritor argentino Héctor Osterheld le dio vida a Juan Salvo, un hombre que vivía con su esposa y su hija, que se juntaba a jugar al truco con sus amigos en su casa, y que de un día para otro se transformó en el elegido para combatir una invasión que amenazaba con arrasar con todo lo que tuviera vida en la Tierra. Era la invasión de los Ellos, seres de una inteligencia superior que dirigían sobre el planeta una mortífera nevada fosforescente que mataba todo lo que tocaba.

En 2003 Néstor Kirchner, un simpático militante peronista de los ’70, hincha de Racing y algo desalineado les devolvió la esperanza a los argentinos que estaban sumidos en una profunda desolación causada por una seguidilla de malas, nefastas y aberrantes gestiones previas que calaron en lo más profundo de sus corazones dejándolos heridos de muerte.

No era una invasión extraterrestre como la de la historieta del desaparecido Osterheld, sino que los Ellos eran los propios dirigentes nacionales que con las armas y uniformes militares o con banderas neoliberales, y lejos de desear salvar a la sociedad, barrieron del suelo argentino miles de vidas y sumieron en la pobreza y en la indigencia a millones de compatriotas que quedaron desamparados y marginados de la discusión social.

Son también, los Ellos, los líderes de la oposición actual que, según opinó alguna vez Elsa Osterheld (viuda del escritor), se emparentan más con la nevada implacable del la historieta que con un grupo político buscando gobernar para el pueblo.

Dos héroes separados por casi 50 años de historia. Una historia que debe conocerse para evitar reincidencias, y para caer en la comparación una vez más y poder ver que gracias a los héroes como Néstor Kirchner la esperanza se mantiene viva.

Es cuestión de sumarse, comprometerse y confiar en que juntos, todo es posible. Porque si bien los héroes son ellos, Néstor y el Eternauta, Osterheld enseñó que El único héroe valido, es el héroe en grupo, nunca el héroe individual, el héroe solo”.