miércoles, 27 de julio de 2011

Campaña de desinformación

Se acerca la fecha de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO). Por primera vez en la historia, en la Argentina se desarrollará este tipo de voto que determinará quienes serán los candidatos para los comicios de octubre. Y pese a la cercanía con la fecha de la cita electoral, gran parte del padrón no sabe realmente qué y cómo debe votar. Algo más grave aún es el oportunismo de rapiña que se cristaliza, desde no se sabe bien dónde, para confundir aún más al electorado nacional.

A las pruebas me remito. Ayer recibí un correo electrónico que decía lo siguiente:

QUÉ SE VOTA EL 14 DE AGOSTO?

El domingo 14 de agosto los argentinos hemos de votar por primera vez en elecciones primarias, abiertas y obligatorias.

Qué es lo que se vota ese día?
Para aclarar las dudas, que son muchas, aquí va la información fundamental. Al entrar al cuarto oscuro los votantes se encontraran con las boletas
que se pueden ver a continuación, una por cada fórmula presidencial.


¿Hay que poner una sola boleta en el sobre?

NO

¿Entonces, qué se pone?


Se ponen las boletas de TODOS los candidatos que el votante desee que participen en los comicios de octubre.

Ésta NO ES UNA ELECCIÓN PRESIDENCIAL sino solamente UN FILTRO PARA DECIDIR QUIÉNES PARTICIPARAN EN OCTUBRE Y QUIENES NO.

Los partidos que no obtengan un porcentaje mínimo, ya establecido, no podrán participar en las elecciones.

¿Entonces…se pueden poner en el sobre todas las boletas que haya?


SI, SE PUEDEN PONER TODAS Ó SOLAMENTE AQUELLAS QUE EL VOTANTE REALMENTE DESEA QUE PARTICIPEN. Por ejemplo, si hay 7 boletas, se pueden poner las 7 ó se puede optar por 3 ó 4 y excluir las otras.

Es importante tener todo esto en cuenta ya que, por falta de información, la idea generalizada es que hay que poner 1 boleta en el sobre, lo cual sería lo mismo que elegir anticipadamente el candidato que luego votaremos en octubre.


POR FAVOR, DIFUNDIR ESTA INFORMACIÓN. NADIE SABE EXACTAMENTE QUÉ SE VOTA EL 14 DE AGOSTO.

Si leíste esto, andá borrándolo de tu memoria. Si votás así IMPUGNAS EL VOTO, justamente lo que se pretende con esta campaña de desinformación.

A continuación les dejo el linck de una página muy buena, Política Argentina, que explica de manera clara y breve, como se deberán desempeñar los votantes en el cuarto oscuro.

domingo, 10 de julio de 2011

A aguantarlo 4 años más...


Todavía no se escrutó el 50% de las mesas (van 44.8%) pero la bronca y la decepción escalan al 100%. Es que la elección para Jefe de Gobierno porteño, ahora con el 48.7% del conteo de votos, refleja una distancia entre el actual alcalde, Mauricio Macri, y el aspirante a desbancarlo, Daniel Filmus, se cree imposible de descontar. Son casi 18 puntos porcentuales.
Si se analiza en torno a la elección de 2007 para el mismo distrito, se evidencia una mejoría: en aquella oportunidad Macri derrotó a Filmus por casi 22 puntos, tanto en primera como en segunda vuelta. Van el 56.7% de las mesas escrutadas. La ventaja es del 18.1%.
Si se lo evalúa desde la otra perspectiva, el resultado es (o por lo menos, sería) el mismo: el ex presidente de Boca será nuevamente el intendente de la Ciudad por cuatro años más. Resulta muy difícil pensar en una remontada tan considerable analizando los dichos de los referentes de las demás “fuerzas” políticas contendientes, y conociendo ya la volatilidad del sufragio porteño. 60% escrutado; 18 puntos de ventaja para el PRO.
La tristeza y la decepción tienen un fundamento. No estoy decepcionado de Filmus y su equipo. No estoy triste, sólo por la derrota en las urnas. Hay algo que me aterra más, que me espanta más. ¿Cuál es el criterio de voto del porteño? De eso estoy decepcionado. De ellos: del más del 46% de los ciudadanos de la capital que votaron a este nefasto personaje.
Vale mencionar solo tres ítems:
- 8 de cada diez porteños no sabían que se votaban referentes comunales. ¿A quién corresponde dar a conocer esta histórica innovación electoral? 64.3; 18.
- Mauricio Macri está procesado, casi todos lo saben. ¿Por qué lo votan, entonces?
- La Capital Federal, el distrito que más dinero mueve en todo el país, incrementó el número de mortalidad infantil, cuando Tucumán, la provincia más afectada por este triste índice en las últimas décadas, lo disminuyó. ¿Por qué la gente no sabe esto? Y si lo sabe, ¿por qué lo vota al responsable de esta realidad? 71.5; 17.9.

Los medios de comunicación, una vez más, fueron determinantes. Desinformando, ocultando, tergiversando.

No voy a esperar a que se escrute el 100% de las mesas. La tendencia ya es estable. Y la ventaja es mucha. Difícil de descontar.

Me invade una gran tristeza. Porque creí que el gran crecimiento que está teniendo la Nación se desplegaría también en la Ciudad. Pero no fue así. Parece que el 46% de los porteños no quiere el progreso.

Con mucho dolor… ¡¡¡Hasta la Victoria, Siempre!!!

sábado, 2 de julio de 2011

La gloria se alcanza de a once

La agarra Carlos Tévez, encara, intenta la finta, se la sacan, se frustra el ataque. La toma Ezequiel Lavezzi, encara, ensaya un amague, llega hasta el fondo, tira un centro muy exigido, se va a la tribuna. La pelota le cae a Lionel Messi, el astro, el mejor jugador del mundo, Pasa a uno, el segundo se la quita. Le vuelve a caer, intenta pasar entre dos, no pude superarlos. Se ilumina Éver Banega, intenta la gambeta, se despeina, se concentra en su pelo, la pierde.

Así no, Argentina. Así, no.

¿Hasta cuando vamos a seguir olfateando el pantalón corto de Messi? Entregarle el premio LG al mejor jugador del partido no es menos que una falta de respeto a la inteligencia del público argentino.

Bolivia es el equipo más débil del certamen y se supone que Argentina debe estar arriba tres o cuatro goles si se tiene en cuenta la calidad de jugadores y la comparación de los planteles.

Tengo mucha bronca. La nota es corta, pero el mensaje, directo: LA GLORIA SE ALCANZA DE A ONCE…

lunes, 27 de junio de 2011

"Volveremos"

Lo que están a punto de leer es un trabajo para la facultad. Una simple consigna académica que parte de una frase y que debía desarrollar libremente. No sabía que escribir, pero lo ocurrido ayer, me ayudó mucho. Espero que lo disfruten.



Por Esteban Schoj *



Ella fue a una fiesta. Se había preparado toda la semana para ese evento. Estaba nerviosa y asustada, pero esperanzada. Sabía que todo iba a salir bien. Mas tarde, tan sólo dos horas después, si no hubiera sido por él, hoy ella no estaría recuperándose.

Se despertó temprano sin necesidad de oír la rutinaria alarma. Esos nervios y ese susto que no la habían dejado descansar, hicieron su trabajo. Hizo todo lo que levantarse implica y a la una de la tarde escuchó el grito de su padre: “¡Vamos hija!”

Abrió su marrón placard, luego el segundo cajón y tomó entre sus manos el amuleto. Lo estrujó, lo miró como quien mira a un hijo, con amor, lo beso apasionadamente y mientras cerraba los ojos lo aprisionó contra su pecho durante pocos pero intensos segundos.

Papá llamaba una vez más y así ella despertó de ese sueño pasional que vivía junto a su objeto más preciado. Lo enrolló en su mano derecha y emprendió el camino al encuentro con su padre que, también ansioso, empezaba a perder la paciencia.

El camino a bordo del, recién lavado, Gol gris estuvo lleno de recuerdos de viejas proezas. Esas que su padre había presenciado y que ella ya sabía de memoria de tanto escuchárselas. “El día de la pelota naranja”, era el caballito de batalla para invocar a los grandes héroes del pasado que tanta falta harían hoy. La fe estaba intacta. Faltaba lo peor.

Todo parecía que saldría de maravillas: a los cinco minutos de empezada la fiesta, el envión que dio ese grito de los más de 50.000 invitados a la cita anunciaba un final feliz. Todo se desvaneció poco a poco. Las caras de los presentes se transformaron, se desfiguraron. Lágrimas e insultos empezaban a esbozarse. Ella, una peregrina más que sufría, no disimulaba su llanto y no soltaba el amuleto.

Final. Está hecho. Lo imposible ocurrió: “Nos fuimos”, repetía y repetía sin poder entenderlo. Papá la abrazaba tratando de disimular su propia angustia. Quería transmitirle fortaleza.

Eligen irse despacio a casa. La fiesta que no fue, había terminado. Pero para otros, no. Aquellos pocos que decidieron quedarse pasarían a ser su peor pesadilla. Los más de dos mil policías invitados al evento intentaban, sin armas de fuego, detener el aluvión de violentos que destrozaron el lugar y que seguramente sin desearlo, pero con mucha impotencia e impunidad, la tendieron a ella en el piso de un piedrazo en la cabeza.

Papá esta desesperado. Llora sin consuelo. Sus manos están llenas de sangre, la sangre de su hija desvanecida que no para de emanar por entre su cobrizo cabello. La toma en sus brazos, la levanta como puede y huye del lugar, pero no mucho, dobla en la primera esquina y se resguarda detrás de una camioneta que aún no había sido víctima del vandalismo. Ella parece inconsciente. Su mano izquierda está flácida. La derecha, sostiene con fuerza el amuleto.

“Ayúdenme por favor, ayúdenme”, grita el padre hundido en desconsuelo. El frío polar ya ni se siente. Nada importa, ni el agua que los efectivos policiales arrojaron que los llegó a mojar un poco cuando ambos caminaban. Un joven se acerca. Rara solidaridad en un momento de miedo y adrenalina. La mira a ella, lo mira al padre. Le toma el pulso y lo vuelve a mirar a él, ya algo preocupado. De repente le pide al padre algo para apoyar la cabeza ensangrentada de su hija. No tiene nada. El joven, que se empieza a recibir de paramédico, descubre el amuleto. Ella no reacciona hasta que siente el tirón. “No”, alcanza a balbucear. “Tranquila”, dicen casi al unísono, el padre y el joven, que empieza a poner en práctica sus útiles conocimientos en primeros auxilios. Estruja el amuleto y lo convierte en una improvisada almohada. Ella lo sigue con la mirada hacia arriba hasta que lo pierde del campo visual. Cae en shock. El muchacho saca un pañuelo blanco de su bolsillo y le pide al padre que lo presione contra la herida. El amuleto y el pañuelo, ahora ensangrentado, se confunden: son iguales ahora.

Pese a ese momento de lucidez en el que sintió que le robaban la vida, ella permanece inconsciente. No tiene pulso. El ayudante voluntario le desnuda el torso y comienza con los ejercicios de reanimación y la respiración boca a boca.

Papá llora. El joven se agita cada vez más. Ella tose. Papá vuelve a vivir. “Volviste, hijita”, dice emocionado. Ella, le contesta. Pero antes busca debajo de su nuca y toma el amuleto. Lo mira, está algo manchado con su sangre. Los despliega, y entre lágrimas mira a su padre y a su salvador, y con convicción les asegura: “Vamos a volver”.



* Bostero de corazón, por si acaso se hiere alguna susceptibilidad.

domingo, 26 de junio de 2011

La grandeza de River ante todo...


Paradojas del destino. Aquella instauración de los promedios que en 1983 favoreció a River, hoy le jugó una mala pasada al equipo millonario. Un equipo que estaba clasificado para la Copa Sudamericana de este año, pagó, pese a la mala administración de la era Passarella que no supo ni pudo revertir la historia, las pésimas dos presidencias de José María Aguilar. Un pasado que condenó el presente, y así, el futuro.

River, un grande, uno de los más grandes de América y del mundo, descendió de categoría y afrontará, de esta forma, no solo la deshonra que, lamentablemente, adjudica el descenso por culpa de la dramatización deportiva de estos días, sino también las increíbles pérdidas económicas que lo colocan al borde de la quiebra institucional.

Un llamado a la cordura que fue, paradójicamente, la otra voz de los medios que contribuyeron a la dramatización exitista. Por eso, desde estas líneas, se critica el accionar violento, pero se intenta dar un mensaje al hincha de River:

“Usted, hincha de River Plate, cuna de grandes figuras y hazañas deportivas, tiene que estar orgulloso de ser simpatizante de esta institución. Muchos quisieran que sus equipos tuvieran ese palmarés plagado de pergaminos que no hacen más que enaltecer su rica historia. Este descenso, este presente, no manchará el exitoso pasado, pero si lo harán los hechos de violencia que puedan generarse. Llore, nadie se lo niega, porque este momento debe ser una gran tristeza, desazón e impotencia. Pero que no transgreda los límites de lo estrictamente deportivo. River Plate, usted es grande, sea acorde a su historia y piense en acompañar a su equipo. Ojalá que la próxima temporada, lo catapulte a lo más grande del fútbol argentino, a la Primera División, ese lugar que le pertence y que tanto lo extrañará, esperemos que por solo un año”.

miércoles, 22 de junio de 2011

Llora el fútbol


Lágrimas en los ojos desde el minuto cero. Lágrimas que reflejan sentimientos: dolor, pena, desesperación, impotencia, miedo, terror. Es que a Juan José López le duele, le da pena y hasta lo desespera la situación en la que hot está sumergido River Plate. Circunstancia de la que no pudo ni puede sacar a su equipo, pese a que muchos daban por hecho que lo haría. Y eso le da impotencia, le da miedo. Lo aterra.

Horas antes, en la cancha de Boca Juniors, Huracán perdió la categoría tras caer derrotado 2 a 0 por Gimnasia y Esgrima La Plata, y también hubo lágrimas que lamentaron el hecho. Los fanáticos del Globo no encontraban consuelo y se resignaban, ahora sí luego del letargo que ocasionó el Gol de Christian Cellay, a prepararse para la próxima temporada en la segunda categoría del fútbol argentino.

Por la noche, en Córdoba, un puñado de hinchas (y los llamaremos así pese a que el término no les corresponda) de River lejos estuvieron de resignarse y estallaron contra sus jugadores: arremetieron en el campo de juego pidiéndole huevos a los jugadores, y hasta empujaron a Adalberto Román por la espalda. Aún faltaban 40 minutos y una revancha y estos hinchas no aguantaron la posibilidad, siquiera de verse en la B.

Los límites de la sociedad argentina, en donde el fútbol es un actor principal, ya no se distinguen. Resulta imposible preguntarse, tras estos hechos, ¿qué pasará el domingo si llegase a ocurrir “lo peor que puede pasar en la vida: el descenso del millonario”? Da escalofríos imaginarse la posible reacción de los mismos sujetos que no “tuvieron otra alternativa” que ir a “pedirle” a “sus” jugadores un poco más de actitud.

Este presente y estos hechos lamentables no hacen más que manchar al fútbol. Y la culpa no la tienen esos muchachos, que son serviles y partícipes de este asqueroso negocio, que agredieron a los jugadores, sino que la mayor responsabilidad recae en los altos dirigentes que ocupan altos grados jerárquicos que manejan al negocio a placer, engrosando sus cuentas bancarias y hundiendo cada vez más la dignidad que ya no da el deporte por deporte.

Lejos queda el paupérrimo nivel futbolístico de River. Ese aspecto será analizado hasta el cansancio. El verdadero problema es lo que genera por estas horas esa debacle deportiva. Muchos factores hay que analizar para entender y descifrar la gravedad de lo que acontece. Pero hay uno que pica en punta a la hora de buscar un máximo responsable: los medios de comunicación y la dramatización en la que incurren.

“River se juega su historia”, tituló el portal 6cero.com; “River se juega media vida”, fue la noticia para el diario español Marca; “River Plate: un gigante que se juega la vida”, fue el titular que eligió semana.com; “110 años en 180 minutos”, significa para Olé la promoción en la que compite el club de Núñez.

¿Acaso San Lorenzo dejó de ser grande por haber descendido? ¿Es Racing un equipo menos respetado por cargar en su espalda la cruz que significa haber jugado en la B? ¿Dejará de ser River uno de los más grandes del fútbol argentino y mundial, palmarés que se ganó a lo largo de su historia, si llegase a bajar de categoría en un presente que no le sonríe? No, a todo.

El drama en el que el fútbol se ha convertido no es nuevo. Lleva años y años en donde la respuesta a la incógnita ¿por qué este deporte se transformó en lo que es hoy? se haya en tres palabras: negocio, dinero y poder. Un buen emprendimiento deja buenos dividendos y el alto ingreso convierte a su dueño en poderoso. Una ecuación más que sencilla.

Pero, ¿hasta cuándo la ambición por el poder seguirá ejerciendo presión? Porque frases como “River no va a jugar la promoción” o “River no va a descender” encienden alarmas, generan dudas de todo tipo pero, por sobre todo, presionan a los protagonistas a los cuales no se juzgará, por lo menos en estas líneas, por su nivel, falta de entrega, carencia de sangre o de amor propio.

El hincha presiona al jugador, porque el hincha vive del jugador. Ya se terminó esa vieja historia que tenía como principal temor del apasionado la gastada en la oficina al día siguiente. La cosa empeoró muchísimo por estos días. “River no se puede ir a la B. si baja, acuchillo a alguien. A quien sea”, escuché por ahí. El hincha se juega, en 90 o 180 minutos, la vida, el futuro, la historia. Será señalado para siempre como el desgraciado que alguna vez descendió a la B. ya nada más importará, porque “vos te fuiste a la B, así que callate”. Y en esta sociedad, que fue tan lastimada durante mucho tiempo y hasta hace pocos años atrás por otros aspectos de la vida cotidiana, como la política, el fracaso deportivo toma una trascendencia de vida o muerte que eriza la piel.

Ya no importa competir. Eso dejó de interesar hace años. Hoy, solo sirve pisarle la cabeza al rival, defenestrarlo, humillarlo, hundirlo, descenderlo.

Los medios, generan opinión y plantean el guión con el que se discutirá en esta escena. Los guía el poder, la ambición y el dinero. Mientras la sociedad toda lo sufre. Y las lágrimas de JJ López, esas que son, se cree, genuinas y generadas por el dolor se irán esparciendo hasta que el lamento y la pena sean tan grandes, que quien llorará tras una larga agonía será, lamentablemente, la pelota. Esa que no debería mancharse, pero se mancha cada vez más.

domingo, 22 de mayo de 2011

No se lo merece


Uno entiende, hasta cierto punto, la reacción de la gente. Comprende la reacción por lo que significa la posibilidad de caer en el “desprestigio”. Pero si pasa lo que ayer se creía imposible y hoy toma cada vez más color, no sería la muerte de nadie. Eso seguro.
¿De qué hablás? De River, de Carrizo, de la Promoción, y de la “vergüenza” que significaría jugarla. ¿Del descenso? Ni mencionarlo. Sería la tortura eterna.
Volvamos con la reacción de la gente del Millo. ¿No tiene memoria acaso el hincha de Núñez? Vamos a refrescarla un poquito…

Clausura 2007. La Bombonera explotaba. Pablo Ledesma y 45 segundos para poner a Boca arriba 1-0. Empató Mauro Rosales. El partido finalizó 1-1. ¿Quién fue la figura excluyente del partido? Juan Pablo Carrizo, el mismo que hace un rato no más se retiró del Monumental insultado. El mismo que dio la cara hoy y el domingo pasado cuando un yerro le costó el 0-1 ante Boca.

Clausura 2008. ¿River? Campeón. Con lo justo, es cierto. Fueron sólo 13 goles en contra en 19 juegos. Fueron 11 de 19 partidos con la valla invicta (seis de manera consecutiva) ¿La figura del certamen? Juan Pablo Carrizo. ¿El mismo Carrizo que se tuvo que besar la camiseta para contradecir a los “hinchas” que lo acusaban de todo, hasta de bostero, por un par de errores? Sí, el mismo.

Con esto basta. Un clásico que se debió haber llevado Boca, fue parda en la Bombonera gracias a JP Carrizo. Un torneo, en el que River fue peloteado en más de un partido, que se quedó en Núñez gracias a JP Carrizo.

Pero no sólo estas dos puntualidades: Carrizo demostró ser uno de los mejores arqueros de los últimos tiempos en el fútbol argentino, y semana tras semana se ganó la ovación y el reconocimiento de la gente. Esos, los que lo aplaudieron y coraron pese al error, pueden dormir tranquilos. Ellos saben muy bien que si su amado River se va al descenso no será por culpa del arquero sino por una sumatoria de circunstancias donde la mayor responsabilidad recae en lo dirigencial.

Los otros, los “hinchas”, los que dicen dejar la vida por la camiseta, los que creen que pagar una cuota social les da el derecho de insultar y denigrar a un laburante, son los faltos de memoria. Hay muchos calificativos que les caben a estas personas. Acá prefiero usar uno light: exitistas.

Los que me conocen saben que estoy de la vereda de enfrente. Pero hoy, y mientras escribo estas líneas, no soy ni bostero ni periodista. Soy un trabajador que más de una vez se ha equivocado cuando desempañaba su labor, y que se solidariza con un par, de otro rubro, que cometió un error. Como le puede pasar a cualquiera.

Por su cara, esa cara de sufrimiento que lo mostraba más triste que nunca. Por sus lágrimas, que no brotaron, pero que querían salir de sus ojos. Por esa bronca contenida. Por dar la cara, contra Boca y hoy, luego de la derrota ante San Lorenzo. Sí, derrota. Su derrota. Por golpearse el pecho diciendo: “Fui yo, es culpa mía”. Por todo eso, hoy, soy hincha de Juan Pablo Carrizo.